La superficie equivalente debe verse en el cálculo
Un almacén puede ser útil, pero no se comporta necesariamente como un dormitorio o un salón. Lo mismo ocurre con patios, terrazas, garajes y otras superficies auxiliares. Sumarlos sin explicación crea un precio por metro cuadrado aparentemente preciso y metodológicamente débil.
El caso llevó a introducir un libro de superficies: cada pieza conserva su uso, metros, fuente y coeficiente. Si el mercado no permite defender ese coeficiente, la limitación se muestra y el intervalo debe ampliarse.
Una fotografía permite observar; no permite diagnosticar
Las imágenes mostraban humedad, pero no si procedía de cubierta, capilaridad, instalación o condensación. Asignar un coste de reparación sin visita técnica habría mezclado una observación válida con un diagnóstico inventado.
La valoración puede reflejar el riesgo comercial que percibe un comprador y preparar escenarios. La causa, la reparación y su presupuesto deben proceder de un profesional o documento adecuado.
La escasez de mercado cambia la confianza, no autoriza a rellenar huecos
Solo una referencia local reunía simultáneamente precio y superficie comparables. Las medias de portales ayudaban a entender el contexto, pero no sustituían inmuebles equivalentes.
La respuesta correcta no era fabricar exactitud: era identificar el activo como singular, reducir la confianza y hacer obligatoria la revisión humana antes de emitir una recomendación comercial.